Para cubrir ese gasto, propuso aplazar la compra del coche y recortar algunos gastos que ninguno de los dos necesitaba.
Pero eso no era todo.
—Yo voy a encargarme del baño de Sofía por las noches, lavaré los trastes después de cenar y haré las compras grandes. Los fines de semana repartiremos la limpieza y las comidas.
Lo escuché con atención.
—¿Y qué pasa si tienes una semana pesada en el trabajo?
—Te lo diré para que nos organicemos. Igual que tú podrás decirme cuando estés agotada. No quiero que ninguno tenga que hacerlo todo.
Entonces sacó el folleto de la guardería.
—También voy a cancelar la inscripción que hice sin preguntarte. Podemos recuperar parte del anticipo. Cuando llegue el momento, decidiremos juntos cuándo y cómo queremos que Sofía entre.
Lo miré sorprendida.
—¿De verdad estás dispuesto a cambiar tanto?