“¡Yo mantengo esta casa y tú no haces nada!”, me gritó mi esposo delante de nuestra hija de 18 meses. Luego exigió que buscara empleo y que cada quien se mantuviera solo. En vez de suplicarle, le entregué una factura por $36,500 pesos y acepté su desafío: él cuidaría a nuestra hija durante una semana. Lo que pasó la primera mañana cambió nuestra discusión por completo…

PARTE 2

A la mañana siguiente, Daniel actuó como si nada hubiera ocurrido.

Se sentó a desayunar, revisó su celular y comenzó a hablarme de los requisitos de la guardería.

—Necesitan cartilla de vacunación, ropa de cambio y una revisión médica. Ve preparando todo.

Lo observé sin responder.

—¿Me estás escuchando?

—Perfectamente. Pero antes quiero preguntarte algo. ¿Cuánto crees que cuesta contratar a una niñera durante toda tu jornada laboral?

Daniel levantó las cejas.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Contéstame.

—No sé. ¿Ocho mil pesos al mes?

No discutí. Simplemente anoté la cantidad.

Cuando salió rumbo a su oficina, abrí mi computadora y comencé a investigar tarifas de servicios domésticos y cuidado infantil en Querétaro.

Consulté presupuestos de niñeras, trabajadoras de limpieza, lavanderías y servicios de comida preparada.

Después enumeré todas mis actividades diarias.

Cuidar a Sofía. Preparar tres comidas. Lavar ropa. Planchar. Limpiar baños. Hacer compras. Llevar a nuestra hija al pediatra. Administrar las cuentas del hogar.

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