Cuando regresó, no se quejó del desorden.
Simplemente preguntó:
—¿Cómo estuvo Sofía hoy?
Y se sentó a jugar con ella antes de pensar en la cena.
Noté el cambio, aunque todavía no sabía si sería duradero.
El quinto día ocurrió algo que jamás olvidaré.
Era viernes y Rosa ya había terminado sus jornadas contratadas.
Daniel decidió preparar hot cakes para cenar porque Sofía había visto una fotografía en un libro y llevaba todo el día repitiendo:
—¡Pan, papá! ¡Pan!
Cuando entré a la cocina, encontré harina sobre la barra, un huevo roto junto al fregadero y una sartén llena de masa quemada.
Daniel estaba desesperado.
—Quise hacer algo bonito para Sofía y terminé haciendo un desastre.
No pude evitar sonreír.
—Baja un poco la temperatura de la sartén. La mezcla todavía sirve.
Me pidió ayuda.