El Ministerio Público mostró también la nota que había permanecido pegada al refrigerador:
“Tomás no fue invitado porque no lleva nuestra sangre.”
No era la prueba más costosa ni el delito más grave, pero explicaba todos los demás.
Para Adela, las personas se dividían entre quienes pertenecían a su círculo y quienes podían convertirse en oportunidades. Un viudo era una firma útil. Un anciano sin hijos cercanos era una propiedad disponible. Un niño que recordaba a su madre era un obstáculo.
Rebeca aceptó colaborar cuando la fiscalía presentó los movimientos bancarios y los mensajes anteriores al matrimonio. A cambio de una reducción de condena, identificó a 2 notarios corruptos y permitió recuperar 4 propiedades.
Antes de ser sentenciada, solicitó hablar con Héctor.
Se encontraron en una sala vigilada. Rebeca estaba más delgada y llevaba el cabello recogido sin el cuidado de antes.