En el expediente aparecían 13 documentos con su supuesta firma.
Cuando Héctor fue a visitarla con Natalia, la mujer lo reconoció por una fotografía de su credencial profesional.
—Su nombre estaba en el avalúo que dijo que mi casa no valía nada.
—La firma y el sello fueron falsificados.
Consuelo lo miró durante varios segundos.
—Todos encuentran explicaciones cuando el daño ya está hecho.
Héctor aceptó el golpe sin defenderse.
—Voy a declarar y ayudar a demostrarlo.
—¿Eso me devolverá los años que pasé creyendo que mi familia me había olvidado?
—No.
—¿Le devolverá a su hijo las noches que estuvo solo?
Héctor tragó saliva.
—No.
Consuelo apoyó las manos sobre su cobija.
—Entonces no llame justicia a meterlos en prisión.
—¿Cómo debería llamarlo?
—El momento en que dejaron de tener permiso para lastimar a otros.
En la primera audiencia, Adela entró vestida de negro y caminó como si la acusada fuera la sociedad entera. Rebeca evitó mirar a Héctor. Ramiro sonreía hasta que comenzaron a proyectarse los registros de carretera, los mensajes y las fotografías de la bodega.