Al escucharlo, Damián dejó de sonreír.
Tomás necesitó tratamiento cardiaco y vigilancia continua. No administré medicamentos ni toqué ninguna vía. Solo me quedé cerca cuando me buscaba con los ojos.
Al día siguiente, el laboratorio encontró en el gotero una concentración peligrosa de un fármaco que ralentizaba el corazón. La Fiscalía conservó el frasco y ordenó analizar las muestras clínicas.
Gael pidió que llamaran a Ofelia. Su madre apareció con un rosario apretado entre los dedos. No se acercó a la cama cuando vio los documentos sobre la mesa.
—Dime de dónde salieron esas gotas —le exigió Gael.
—Damián me aseguró que eran de un cardiólogo de Monterrey. Me mandó las instrucciones por correo. Dijo que tú no las aceptarías porque nunca escuchas a nadie.
—¿Y por eso se las diste sin avisarme?
—Pensé que era un tratamiento nuevo. Tu hijo se cansaba tanto… Yo quería ayudarlo.