Un capo criminal irrumpió armado en el hospital cuando supo que habían envenenado a su hijo de 5 años. Me encontró sangrando junto a su cama, defendiéndolo con un trapeador roto, y gritó: “¿Qué le hiciste?”. No discutí; le mostré la jeringa del falso médico. Pero la verdadera traición venía de alguien mucho más cercano al niño…

PARTE 2

—Damián —murmuró Gael—. Mi madre dice que Damián se las llevó.

Damián Varela era amigo de Gael desde la adolescencia y socio en sus empresas portuarias. Todos decían que era el único capaz de contradecirlo.

La doctora Nájera pidió análisis y apoyo de toxicología. No me permitió intervenir en el tratamiento: yo ya no ejercía. Sí me escuchó explicar cómo ciertos medicamentos podían confundirse con un empeoramiento cardiaco.

Gael pidió hablar conmigo en el pasillo.

—¿Cree que mi madre quiso matarlo?

—Creo que alguien le dio a su hijo algo que usted desconocía. Primero averigüemos qué era.

Le pedí que llamara otra vez a Teresa, la niñera, y que no la amenazara. La muchacha envió fotografías del gotero y de una hoja de indicaciones. En la etiqueta solo aparecía «apoyo cardiovascular» y una dirección comercial de Xalapa. No había nombre de paciente ni número de registro sanitario.

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