Un capo criminal irrumpió armado en el hospital cuando supo que habían envenenado a su hijo de 5 años. Me encontró sangrando junto a su cama, defendiéndolo con un trapeador roto, y gritó: “¿Qué le hiciste?”. No discutí; le mostré la jeringa del falso médico. Pero la verdadera traición venía de alguien mucho más cercano al niño…

Pedí a Alicia que llamara a la doctora y a la policía. Envié a Gael una fotografía del traslado. Respondió enseguida: «Yo no firmé. Deténganlo».

Me paré frente a la camilla.

—Sin médico receptor confirmado, el traslado no se realiza —dije.

Uno de los desconocidos mostró una credencial de ambulancias; el otro no tenía identificación.

—Tenemos autorización del padre —respondió Damián.

—El padre acaba de negarla.

Le mostré el mensaje.

—No tienes idea de con quién estás hablando.

—Con un hombre que está intentando sacar a un niño intoxicado de un hospital sin que su doctora lo autorice.

Damián intentó apartarme. Alicia activó la alarma. Cuando él buscó su pistola, un guardia le inmovilizó el brazo. El arma cayó. Yo entré a proteger a Tomás.

El niño abrió los ojos apenas unos segundos.

—¿Otra vez vino el señor malo?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *