—¿Y a Tomás sí le convenía tomarse esas gotas?
Me agarró del brazo. Antes de que pudiera apartarme, la puerta del pasillo se abrió y apareció una camilla rumbo a estudios. Damián me soltó con una sonrisa de cortesía.
—Piensa en lo que acabas de perder una vez. Podrías perderlo todo otra vez.
Cuando llegué a la estación de enfermería, la doctora Nájera me mostró una solicitud de traslado urgente, enviada supuestamente por Gael. Pedía sacar a Tomás hacia una clínica privada sin nombre de médico receptor.
La firma era la de Gael. Pero él acababa de decirme que no permitiría mover a su hijo hasta conocer los resultados.
Y al fondo del pasillo vi a Damián acercándose a la camilla con dos hombres que jamás había visto.
PARTE 3
No grité. Necesitaba impedir que sacaran a Tomás sin alterar su tratamiento.