Volví a limpiar pasillos durante meses. Después cursé una actualización profesional y presenté mis antecedentes, incluida la sanción por robar medicamentos. Hubo rechazos y entrevistas difíciles. Finalmente, una clínica infantil me contrató bajo supervisión.
En mi primer turno volví a escuchar una alarma cardiaca. Me quedé inmóvil un segundo. Luego pedí apoyo y seguí el protocolo como cualquier otra enfermera. Al llegar a casa lloré por Clara, no porque creyera haberla reemplazado, sino porque comprendí que podía cuidar a otros niños sin intentar compensar su muerte. Conservé su fotografía en mi casillero, junto al dibujo de Tomás.
También cambiaron las cosas entre los Beltrán. Inés comenzó a visitar a Tomás los domingos, primero cuando Ofelia no estaba. La abuela inició terapia y dejó de exigir que la perdonaran inmediatamente. Un día le dijo a su nieto: