Damián no había actuado por un arrebato. Había calculado que la muerte de Tomás convertiría a Gael en un hombre dispuesto a vengarse, incapaz de abandonar los cargamentos ilegales. Y mientras todos culparan a Inés, él podría seguir controlando el dinero. El traslado falso era su último intento de hacer desaparecer al niño y con él las pruebas de la intoxicación.
Hubo peritajes y audiencias durante meses. Damián fue procesado por el intento de homicidio y otros delitos. Ofelia debió responder por suministrar la sustancia sin autorización médica; su negligencia y una intención de matar no eran lo mismo.
Gael entregó documentación sobre sus empresas, aceptó las investigaciones y perdió contratos. Las medidas judiciales le impidieron viajar y dirigir ciertos negocios. Querer cambiar no borraba el daño pasado.
Una tarde, Tomás le preguntó por qué ya no iba a las oficinas del puerto. Gael le respondió que había tomado decisiones injustas y que unos jueces debían revisar sus consecuencias. Yo lo escuché desde la cocina, sin intervenir. Quise creer que aquel cambio sobreviviría al miedo y al escándalo.