—¡Gabriel! —gritó una voz conocida.
—¡Aquí! ¡Elena está herida!
Marisol Serrano apareció con chaleco antibalas y el cabello empapado.
—Los paramédicos vienen bajando.
Octavio levantó las manos.
—Esto es ilegal. Conozco personalmente al fiscal general.
—Él autorizó la orden hace 40 minutos —dijo Marisol—. Quizá debería revisar su lista de amigos.
Octavio perdió el color.
Los agentes esposaron a Sebastián, Rebeca, Bruno y los guardias. El supuesto enfermero confesó que recibía dinero por atender lesiones domésticas sin reportarlas. Lucía declaró que había visto a Sebastián golpear a Elena y a Rebeca ordenar que nadie abriera el portón.
Una agente regresó de la cava con una memoria negra dentro de una bolsa de evidencia.
Elena rompió a llorar.
Bruno comenzó a reír.
—Llegaron demasiado tarde.
—¿Qué contiene? —preguntó Marisol.
—Una parte de la verdad.
Octavio intentó silenciarlo, pero Bruno continuó.
—Mi padre lleva 25 años comprando contratos, magistrados y policías. Yo dejé esos archivos donde Elena pudiera encontrarlos.