Lucía comenzó a desatar las mascadas. Sus manos temblaban.
—No sabía que llegarían tan lejos. Pensé que solo querían asustarla.
—¿Qué encontraste? —preguntó Gabriel.
Elena trató de levantarse, pero el dolor la obligó a permanecer sentada.
—Empresas fantasma, pagos a policías, jueces, notarios y campañas políticas. Sebastián escondía copias en una cuenta a mi nombre. Querían culparme si algún día los investigaban.
Bruno abrió lentamente un cajón.
Gabriel vio el reflejo metálico y cruzó la habitación. Sujetó su muñeca antes de que alcanzara la pistola. Lo obligó a inclinarse sobre el escritorio y retiró el arma.
—Así que también pensaban matarla.
—Nadie iba a morir —respondió Bruno—. Solo necesitábamos saber dónde guardó la copia.
—La envié —dijo Elena—. A un apartado postal.
Bruno palideció.
—Estás mintiendo.
—También dejé otra memoria dentro de esta casa.