Su hija alcanzó a susurrar “Papá, ayúdame” antes de que la llamada muriera; al llegar, encontró al yerno con un bate y una frase escalofriante: “Tuvo que ser disciplinada”… pero la mansión escondía algo peor.

Bruno Alcázar, hermano menor de Sebastián, estaba frente a un escritorio con el teléfono roto de Elena.

A diferencia de los demás, no pareció sorprendido.

—Señor Robles, llegó muy rápido.

Elena levantó la cabeza.

—Papá…

Gabriel recordó a la niña que temía que los errores hicieran desaparecer el amor. Recordó a la adolescente que defendía a sus compañeros cuando eran humillados. Recordó a la mujer que había llegado al altar convencida de que Sebastián era distinto de su familia.

—Desátenla.

Bruno dejó el teléfono sobre el escritorio.

—Elena obtuvo información confidencial. Mi hermano perdió la paciencia, pero todavía podemos resolverlo.

—La golpearon y la amarraron.

—Sebastián es impulsivo.

—Y tú lo observaste.

La joven empleada dio 1 paso.

—Yo puedo soltarla.

—Hazlo.

—Se llama Lucía —murmuró Elena—. Ella me prestó su teléfono para llamarte.

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