Ricardo Salcedo bajó de la primera con un abrigo oscuro. Detrás de él aparecieron 8 hombres armados.
—Gabriel —gritó desde el patio—. Entrégame a Camila y a Lucía. Elena conservará la vida. Tú también.
Gabriel salió al corredor de la casa.
—Admitiste que ordenaste atacar a Isabel.
Ricardo sonrió.
—Aprobé una advertencia. No puedo responder por la torpeza de otros.
Camila apareció junto a Gabriel.
—Siempre fuiste un cobarde.
La sonrisa de Ricardo desapareció.
—Tú provocaste todo esto.
—Yo conservé el libro original.
—Estás mintiendo.
Camila levantó una carpeta envuelta en plástico.
—Nombres, pagos, actas falsas, propiedades, hospitales, policías, jueces y 7 mujeres que ustedes hicieron desaparecer.
Ricardo avanzó.
Las luces de la casa se apagaron.
Reflectores instalados entre los árboles iluminaron el terreno. Patrullas estatales cerraron el camino y agentes tácticos emergieron de las huertas.
Marisol habló por un altavoz.
—Suelten las armas.