Su hija alcanzó a susurrar “Papá, ayúdame” antes de que la llamada muriera; al llegar, encontró al yerno con un bate y una frase escalofriante: “Tuvo que ser disciplinada”… pero la mansión escondía algo peor.

Camila Santillán soltó la pistola que llevaba en la mano.

Lucía atravesó la sala y se arrojó contra ella. Camila la abrazó mientras repetía su nombre, como si quisiera recuperar los 8 años perdidos en cada sílaba.

—Nunca te abandoné —dijo entre lágrimas—. Ricardo me encontró después de que Isabel murió. Amenazó con llevarte ante Octavio si volvía a buscarte.

Gabriel esperó hasta que ambas pudieron separarse.

—Mi esposa murió por ayudarlas.

Camila bajó la mirada.

—Isabel salvó nuestras vidas. También consiguió que una enfermera sacara a mi hijo del hospital. Yo lo sostuve menos de 1 minuto antes de que Rebeca ordenara llevárselo. Después me dijeron que había muerto.

—¿Conoce su nombre actual?

—Mateo Luna. Debe tener 26 años. Trabaja reparando maquinaria agrícola cerca de Morelia.

Un motor se escuchó entre los árboles.

Luego otro.

3 camionetas negras entraron en el terreno.

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