Marisol organizó un operativo fuera de los canales habituales. No informó al fiscal general ni a ninguna unidad federal. Solo convocó policías estatales que habían trabajado con Gabriel y cuya trayectoria podía verificarse.
Lucía insistió en acompañarlos.
—Mi madre me dejó en una casa de religiosas cuando tenía 12 años. Prometió volver, pero nunca lo hizo.
—Quizá estaba tratando de mantenerte lejos de los Alcázar —dijo Gabriel.
—Durante 8 años pensé que me había abandonado.
El rancho se encontraba entre huertas de aguacate cerca de Ziracuaretiro. Llegaron al anochecer. Una anciana llamada Jacinta abrió la puerta con una escopeta.
—No sé quiénes son.
Lucía mostró la fotografía.
La expresión de Jacinta se quebró.
Desde una habitación interior apareció una mujer de cabello rubio entrecano y una cicatriz sobre la mandíbula.
Lucía dejó de respirar.
—¿Mamá?