Ricardo Salcedo había sido su mejor amigo durante 18 años. Habían investigado juntos, comido en la misma mesa y cargado el féretro de la esposa de Gabriel. Cuando él abandonó la fiscalía, Ricardo prometió cuidar de Elena como si fuera su propia hija.
En la grabación, Ricardo conversaba con Ernesto Cárdenas.
—El problema de Camila fue enterrado hace 8 años —decía Ricardo—. La esposa de Gabriel también dejó de estorbar. No permitas que la muchacha reabra esos expedientes.
Gabriel sintió que el frío de la lluvia le entraba hasta los huesos.
Marcó el número de Ricardo.
—Hermano —contestó él—. Me enteré de lo ocurrido. Estoy destrozado por Elena.
Gabriel reprodujo el audio.
Hubo silencio.
—Debiste permanecer jubilado —dijo Ricardo finalmente.
—¿Ayudaste a los Alcázar?
—Protegí la estabilidad del estado.
—Mi hija estaba amarrada y sangrando.
—Pero sigue viva. Sebastián recibió instrucciones precisas de no matarla.