—Soy Camila Santillán. Dígale a mi hija que no confíe en esos agentes federales. Ernesto Cárdenas no es el hombre más poderoso de la red.
La llamada se cortó.
Al otro lado de los ventanales rotos, todos los vehículos federales encendieron sus motores al mismo tiempo.
PARTE 3
Gabriel sujetó la camilla de Elena mientras los paramédicos la introducían en una ambulancia estatal. Marisol ordenó bloquear la salida principal y exigió verificar las identificaciones de cada agente federal. Los hombres de impermeable protestaron, pero ninguno se atrevió a avanzar cuando 20 policías levantaron sus armas.
—La orden de traslado viene de la capital —dijo el jefe del grupo.
—Entonces podrán esperar mientras la confirmamos —respondió Marisol.
El teléfono de Gabriel vibró. Había recibido un archivo de audio desde una dirección anónima.
Reconoció la voz en los primeros 3 segundos.