La serenidad de Ricardo resultaba más aterradora que una amenaza.
—¿Qué le hicieron a mi esposa?
—Ella ayudó a escapar a Camila. Octavio quería asustarla. Sus hombres excedieron la orden.
Durante 12 años, Gabriel había creído que el choque donde murió su esposa había sido causado por un conductor ebrio. Ahora el hombre que lo abrazó en el funeral admitía que su muerte había sido un mensaje.
—Voy a encontrarte.
—No persigas personas que nunca pisan una cárcel. Lleva a Elena a casa y agradece que puedes conservarla.
Ricardo terminó la llamada.
En el hospital, Elena despertó con Gabriel sentado junto a su cama. Tenía el brazo inmovilizado, 11 puntos en la frente y moretones que tardarían semanas en desaparecer.
—Escuché la voz de Ricardo —dijo ella.
—No pienses en eso ahora.
—Hay algo más. Sebastián hablaba de Camila cuando creía que yo dormía. Decía que su primera esposa había robado lo que pertenecía a los Alcázar.