Su hermano abofeteó a su hija de 2 años y la llamó “monstruo” frente a toda la familia; cuando sus padres exigieron una disculpa, ella abrió una carpeta que podía destruirlos a todos.

—Tiene 2 años. No sabe lo que quiere.

La puerta se abrió apenas. Regina apareció detrás de Nora, abrazando un conejo de peluche. La marca morada en su cara resultaba imposible de ignorar.

Victoria dio un paso.

—Mi amor, ven con la abuela.

Regina se escondió detrás de las piernas de Nora.

—No ruido. No tío.

Algo humano cruzó el rostro de Victoria, pero desapareció enseguida.

—La estás poniendo en contra de nosotros —acusó.

—Ella está reaccionando a lo que ustedes permitieron.

Victoria empujó el sobre hacia Laura.

—Arturo escribió una disculpa. Retira la denuncia, dile a la detective que fue un malentendido y esto termina.

—Que se disculpe ante la Fiscalía.

—¿Quieres destruir a tu hermano?

—Quiero impedir que vuelva a tocar a mi hija.

La voz de Victoria se volvió suave.

—No sabes vivir sin esta familia.

Laura recordó todas las ayudas que después se convertían en deudas: la colegiatura pagada para recordarle obediencia, el automóvil prestado a cambio de silencio, los favores usados como cadenas.

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