A la mañana siguiente, Laura, Elena y Mariana entraron al jardín abandonado. Cavaron bajo la estatua hasta que la pala chocó con metal.
La caja estaba envuelta en plástico. Dentro había fotografías, casetes, libretas y estados de cuenta.
En la primera cinta, Carlos ordenaba a Diego abandonar la ciudad. Diego lo acusaba de robar el fideicomiso y de pagar al doctor Alcántara para alterar expedientes médicos.
Después se oyó la voz joven de Victoria.
—Laura vio lo que Arturo hizo. Debemos convencerla de que no recuerda bien.
Un golpe seco interrumpió la conversación.
Luego Carlos pronunció la frase que cambió toda la historia:
—Si Diego aparece otra vez, perderemos la empresa, la casa y a la niña que Margarita cree muerta.
Elena detuvo la cinta.
—¿Qué niña?
Laura no pudo responder.
Detrás de ellas, una voz masculina, cansada y desconocida, habló desde la puerta del jardín.