Su hermano abofeteó a su hija de 2 años y la llamó “monstruo” frente a toda la familia; cuando sus padres exigieron una disculpa, ella abrió una carpeta que podía destruirlos a todos.

—Mi hermana.

Las 3 se giraron.

Un hombre de barba gris, apoyado en un bastón, observaba la caja azul con lágrimas en los ojos.

—Hola, Laura —dijo—. Tardaste, pero la encontraste.

Era Diego.

PARTE 3
Diego no había muerto ni huido por drogas.

Después de la golpiza, Carlos le ofreció dinero para desaparecer y amenazó con destruir a Margarita, su madre, si regresaba. Diego pasó años en distintas ciudades, primero recuperándose de las lesiones y después reuniendo valor para denunciar. Había enviado copias de algunas pruebas a doña Amalia, pero cuando ella murió creyó que la caja se había perdido para siempre.

—¿Por qué no buscaste a Laura? —preguntó Elena.

Diego miró a su prima.

—Porque Carlos me mostró expedientes donde decía que ella sufría delirios. Pensé que acercarme podía perjudicarla. Hasta hace 2 semanas no supe que esos informes eran falsos.

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