Su hermano abofeteó a su hija de 2 años y la llamó “monstruo” frente a toda la familia; cuando sus padres exigieron una disculpa, ella abrió una carpeta que podía destruirlos a todos.

Laura recordó entonces el diario de su abuela.

Lo había guardado junto con la carpeta de pruebas. En una página, doña Amalia escribió: “Arturo dejó a Diego casi inconsciente. Carlos pagó para que callara. Victoria quemó su camisa con sangre. Laura vio demasiado y ahora dicen que inventa historias”.

Mariana obtuvo el registro de un hospital de 20 años atrás. Un joven sin identificación había ingresado con fracturas, traumatismo y el rostro destrozado. Fue dado de alta 3 días después bajo responsabilidad de Carlos Valdés.

—Ese joven era Diego —dijo la detective.

—¿Está muerto? —preguntó Laura.

—No lo sabemos. Después de salir del hospital, desapareció.

Entre las páginas del diario encontraron una nota escrita por él: “Si algo me pasa, pregunta a Laura por la caja azul. Era pequeña, pero vio dónde la escondí”.

El recuerdo regresó con la nitidez de una herida: un verano en la casa de Coyoacán, Diego arrodillado en el jardín, una caja metálica entre las manos y la estatua de un ángel cubierta por bugambilias.

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