A la mañana siguiente, Valeria se reunió con Sandra Villalobos, una abogada especializada en violencia familiar y abuso patrimonial.
Sandra revisó el informe médico, las fotografías y la denuncia.
—La agresión física es suficiente para solicitar protección —explicó—. Pero la transferencia podría revelar un fraude mucho mayor. ¿Mauricio conocía tus contraseñas?
—Algunas. Decía que era necesario por cualquier emergencia.
—¿Tenía acceso a tu correo?
—Inicié sesión en su tableta hace meses.
—Vamos a congelar las cuentas, cambiar claves y pedir registros al banco.
Durante las siguientes 48 horas comenzaron a aparecer cargos que Valeria nunca había realizado.
Había compras por 24,800 pesos en una boutique, 17,500 en una agencia de viajes, 32,000 en cursos digitales y pagos mensuales de un automóvil registrado a nombre de Rebeca.
La transferencia de 168,000 pesos había sido detenida porque el banco detectó un dispositivo nuevo. Sin embargo, otras cantidades menores habían sido retiradas durante meses.