Su esposo le arrojó café hirviendo por negarse a pagar las deudas de su cuñada, pero cuando ella volvió con la policía, descubrió que toda la familia llevaba meses planeando robarle su dinero y su hogar.

PARTE 2
Mauricio permaneció inmóvil frente a la puerta. Su mirada pasó de los policías al teléfono de Valeria y después a Rebeca, como si buscara una explicación que pudiera salvarlos a ambos.

—Esto es ridículo —dijo—. Fue una discusión de pareja.

Uno de los agentes dio un paso al frente.

—La señora Cortés tiene derecho a retirar sus pertenencias. Usted deberá mantenerse alejado de ella.

Rebeca se quitó lentamente la bolsa del hombro.

—¿De verdad trajiste policías por una taza de café?

Valeria levantó el teléfono.

—La transferencia de 168,000 pesos iba dirigida a una cuenta con tus iniciales.

—Seguro cometiste un error.

—El banco no inventó tu nombre.

Rebeca miró a Mauricio. Fue solo un segundo, pero Valeria alcanzó a verlo.

No estaban sorprendidos.

Estaban asustados.

—Yo manejo algunos pagos de la casa —dijo Mauricio—. Tal vez hice una transferencia y olvidé avisarte.

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