—Nunca te autoricé a sacar dinero de mis cuentas.
—Somos esposos.
—Eso no te convierte en dueño de mi patrimonio.
—Todo lo estás exagerando porque odias a mi familia.
Valeria entró acompañada por los policías. La cocina seguía exactamente como la había dejado: el anillo sobre la mesa, la taza rota en el suelo y una mancha de café en la pared.
Rebeca se colocó junto a la barra.
—Mauricio dijo que ibas a disculparte.
—Mauricio se equivocó.
—Siempre te has creído superior porque ganas más.
—No tiene nada que ver con cuánto gano.
—Claro que sí. Te encanta recordarnos que el departamento es tuyo.
—Porque lo es.
Mauricio intentó acercarse.
—Valeria, retira la denuncia y hablamos como adultos.
El agente lo detuvo con una mano.
—No se acerque.
Valeria comenzó a recoger ropa, joyas, fotografías, documentos y equipo de trabajo. Al entrar al estudio notó que faltaba su computadora portátil.