El olor del café le provocaba náuseas.
Mónica y Lucía se turnaban para acompañarla.
—No tienen que cuidarme como si fuera una niña —dijo Valeria una noche.
—No lo hacemos porque seas débil —respondió Mónica—. Lo hacemos porque ya cargaste demasiado sola.
Lucía llevó cajas para guardar los objetos relacionados con Mauricio.
—Tú decides qué se queda y qué se va.
Valeria retiró fotografías, regalos y muebles elegidos por Ofelia. Conservó sus libros, las plantas y una lámpara que había comprado con su primer bono.
Cuando llegó a la cocina, encontró la mancha de café en la barra.
—Podemos limpiarla —dijo Lucía.
Valeria negó.
—No quiero limpiarla.
—¿Qué quieres hacer?
—Quiero quitar todo.
Contrató a una arquitecta. Derribaron la barra, cambiaron el piso, reemplazaron gabinetes y abrieron una pared para permitir la entrada de más luz.
Valeria eligió superficies claras y una mesa grande donde pudiera reunirse con sus amigas.