Cada golpe de martillo parecía expulsar una parte de Mauricio.
Mientras avanzaba la remodelación, Rebeca aceptó colaborar con la fiscalía. Reconoció que había fingido ser Valeria en llamadas, solicitado tarjetas, realizado compras y recibido transferencias.
Aun así, intentó justificarse.
—Mauricio dijo que el dinero terminaría siendo de todos.
—¿Sabía que Valeria nunca autorizó las operaciones? —preguntó la fiscal.
Rebeca bajó la cabeza.
—Sí.
—¿Por qué continuó?
—Mi madre decía que Valeria tenía demasiado.
—¿También creyó que merecía su departamento?
—Mamá decía que una mujer casada no debía tener una propiedad solo para ella.
El testimonio confirmó que las compras nunca fueron gastos familiares. Eran parte de un plan para debilitar económicamente a Valeria.
Durante el juicio, Mauricio sostuvo que las decisiones financieras habían sido compartidas. Los registros bancarios demostraron que varias operaciones fueron realizadas mientras Valeria estaba trabajando o viajando.