Su esposo le arrojó café hirviendo por negarse a pagar las deudas de su cuñada, pero cuando ella volvió con la policía, descubrió que toda la familia llevaba meses planeando robarle su dinero y su hogar.

Valeria leyó la carta y la guardó en la carpeta de evidencias.

No era una disculpa.

Era otra acusación.

El divorcio comenzó mientras avanzaba la causa penal. Mauricio pidió una compensación y afirmó que había contribuido al mantenimiento del departamento.

Los registros demostraron lo contrario.

Durante 5 años, Valeria había pagado el crédito, los servicios, el predial y las reparaciones. Mauricio aportaba cantidades pequeñas y retiraba dinero de la cuenta común para cubrir gastos de Rebeca.

También exigió parte de los ahorros.

—El matrimonio era una sociedad —argumentó su abogado.

—Una sociedad no permite falsificar firmas —respondió Sandra.

El juez confirmó que la propiedad, adquirida antes del matrimonio, seguiría perteneciendo exclusivamente a Valeria. Las reclamaciones de Mauricio quedaron separadas de los delitos financieros.

Cuando llegó el día de retirar sus pertenencias, Mauricio entró acompañado por un funcionario. Valeria observó desde la sala.

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