—Esto es una venganza por aplazar la boda —le gritó a Diego antes de salir.
—El expediente es sobre tu trabajo, no sobre mi hermana —respondió mi hermano—. Si quieres impugnarlo, hazlo por la vía correspondiente.
Iván llamó seis veces y luego escribió: «Me dejaron sin empleo por tu culpa. Si me quieres, debes exigir que me reinstalen». Lucía guardó el mensaje, pero no respondió.
Antes de encontrarse con él, Lucía reunió los comprobantes de los anticipos y envió correos a los proveedores. Había negociado devoluciones parciales y pagado una penalización por cancelar el banquete. Lo hizo con sus ahorros. Mi padre se ofreció a cubrirle todo, pero ella aceptó únicamente que revisara con ella las cuentas. Decía que necesitaba mirar de frente cuánto le costaba cambiar de rumbo, para no confundir ese dinero perdido con una obligación de casarse.
El sábado lo citó en una cafetería concurrida y me pidió acompañarla. Dejó la cajita del anillo junto al vaso de agua. Llevaba zapatos bajos y un vestido azul que Iván consideraba demasiado corto. Él llegó con rosas y frunció el ceño al verme.