La respuesta llegó casi inmediatamente: «Mi mamá ya les dio la buena noticia. Hice los formatos para adelantar el trámite. Tú solo consigue que tu papá los respalde. No me vayas a fallar ahora».
Lucía pidió el segundo archivo. Iván lo envió: ofrecía a Fabián una coordinación de compras aunque él trabajaba como repartidor y jamás había pasado por una entrevista. Ninguna de las dos cartas tenía firma de recursos humanos. Iván había usado el logotipo, su propio nombre y la expectativa de un parentesco para hacer pasar deseos por contrataciones.
—Karla está por renunciar —dijo Lucía, leyendo otro mensaje—. Cree que esto es real.
Esa fue la primera vez que la vi enojarse más que entristecerse.
—Le prometió un empleo con dinero que no es suyo. Y esperaba que yo presionara a papá para que su mentira se volviera verdad.