Lucía no lloró enseguida. Se quedó observando su anillo.
—Cuando me compré unos zapatos bajos para la sesión de fotos, Iván dijo que lo hacía quedar ridículo —murmuró—. Me pidió que los cambiara. Yo pensé que era una tontería.
—No era una tontería si te dolió —le dije.
Mi padre se levantó dispuesto a despedirlo al día siguiente, pero Lucía lo detuvo.
—No quiero que pierda el trabajo por lo que Valeria escuchó. Quiero saber qué hizo con ese documento. Y quiero hablar con él cuando yo esté preparada.
La miré con orgullo. No estaba pidiendo permiso para romper su compromiso. Estaba intentando recuperar el control de su propia vida.
Desde su teléfono, Lucía escribió a Iván: «La carta de Karla dice que ya tiene puesto. ¿Quién autorizó ese sueldo? ¿También existe una para Fabián?».