Mientras Elegía Un Vestido Para La Boda De Mi Hermana, Escuché La Voz De Su Prometido En El Probador De Al Lado…

Los domingos extrañaba las salidas con Iván y hasta las rutinas que la habían hecho infeliz. Se permitía estar triste sin cambiar su decisión. Una noche me llamó porque había encontrado una fotografía de su compromiso. No quiso romperla ni guardarla como un tesoro. La dejó en una caja con los recuerdos de aquellos dos años.

—También hubo días buenos —me dijo—. Eso no vuelve aceptables los malos.

Por primera vez entendió que podía reconocer lo que había sentido sin buscar excusas para regresar.

Cuando mamá terminó la etapa más intensa de rehabilitación, Lucía regresó a su departamento. Volvió a nadar, invitó a sus amigas a cenar y solicitó una capacitación para crecer en su propio trabajo. Meses después consiguió un ascenso por un proyecto que había preparado durante semanas, no por ser hija de nadie.

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