Mientras Elegía Un Vestido Para La Boda De Mi Hermana, Escuché La Voz De Su Prometido En El Probador De Al Lado…

—Necesitamos arreglar este malentendido —dijo Celia—. Mi hijo no merece perder a su novia y su empleo por unas palabras dichas sin pensar.

—No fue una sola frase —respondió Lucía—. Fueron meses haciéndome sentir defectuosa y varias decisiones tomadas a mis espaldas.

—Todas las parejas tienen problemas. Y ahora mi hija Karla se quedó sin trabajo porque confiamos en ustedes.

—Karla confió en una carta que Iván no podía emitir —replicó mi hermana—. Nunca le prometí contratarla. Lamento que haya renunciado, pero no voy a inventarle un puesto para reparar lo que él hizo.

Celia me señaló.

—Tú llenaste la cabeza de tu hermana de ideas.

—Yo escuché lo que ustedes dijeron —contesté—. Lo demás lo comprobó ella.

—Se acabó la conversación —intervino mi padre, sin alzar la voz—. Las cuestiones laborales se atenderán por separado. Lucía ya tomó su decisión.

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