Yo solo quería volver con Renata.
La encontré en terapia intermedia. Respiraba por sí misma, aunque seguía sedada. Le tomé la mano y prometí que nunca más tendría que guardar un secreto para complacer a un adulto.
Andrés apareció en la puerta.
—Vi el reporte que mi mamá te mandó a ocultar —le dije antes de que hablara—. ¿Por qué no me contaste?
—Pensé que solo quería presionarnos. Siempre amenaza con irse, denunciarte o dejar de hablarnos.
—Y cada vez me pedías que me aguantara. Hoy nuestra hija está aquí y todavía esperabas que yo defendiera mi inocencia sola.
Se quedó mirando a Renata.
—Te creí culpable porque mi mamá ya me había llenado la cabeza de sospechas —admitió—. No tengo cómo justificarlo.
—Entonces no lo justifiques. Haz algo distinto.
Le exigí que entregara sus mensajes a la Fiscalía, impidiera las visitas de Ofelia y nunca culpara a Renata. Aceptó. No significaba que lo perdonara.