Mi pequeña hija entró a mi habitación a las dos de la madrugada, llorando desconsoladamente y sujetándose el vientre: «Mamá, hay pececitos nadando dentro de mí». En urgencias descubrieron 36 imanes en su cuerpo, y mi esposo me gritó: «¿Qué fue exactamente lo que le hiciste?». No discutí con él. Saqué mi celular y les pedí a los policías que revisaran la cámara de seguridad del comedor… Sin imaginar jamás qué miembro de nuestra familia aparecería en la pantalla.

PARTE 2
Me solté de su mano. El agente Salgado, que estaba junto a Andrés, levantó la vista.

—¿Por qué no quiere que veamos la grabación, señora?

—Porque Lucía siempre interpreta todo a su conveniencia —respondió Ofelia, sin soltar el rosario.

Subí el volumen. En la pantalla, mi suegra apoyaba las bolitas sobre el mantel. Se atraían unas a otras con pequeños chasquidos. Renata las tocaba fascinada.

—Son huevecitos de peces mágicos —decía Ofelia—. Si te los comes, van a nadar contigo.

—¿Como dulces?

—Como un secreto entre tú y yo. No le digas a tu mamá, que se enoja por todo.

La vi ponerle una esfera en la palma. Renata se la llevó a la boca, hizo una mueca y pidió agua. Ofelia le acercó el vaso y volvió a abrir la cajita. La escena siguió durante varios minutos. Mi hija tragaba las bolitas porque confiaba en ella, no porque estuviera jugando a escondidas.

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