Mi pequeña hija entró a mi habitación a las dos de la madrugada, llorando desconsoladamente y sujetándose el vientre: «Mamá, hay pececitos nadando dentro de mí». En urgencias descubrieron 36 imanes en su cuerpo, y mi esposo me gritó: «¿Qué fue exactamente lo que le hiciste?». No discutí con él. Saqué mi celular y les pedí a los policías que revisaran la cámara de seguridad del comedor… Sin imaginar jamás qué miembro de nuestra familia aparecería en la pantalla.

El documento llevaba por título «Reporte por posible descuido de menor». Describía a Renata como una niña sin supervisión, ofrecía a su abuela como cuidadora y anunciaba que presentaría el escrito ante las autoridades de protección infantil.

—¿Sabías de esto? —le pregunté.

—Me lo mandó, pero nunca acepté. Creí que solo intentaba asustarte.

Quise gritarle que incluso ese silencio había sido una traición. Sin embargo, observé la hora otra vez. Ofelia había preparado la acusación antes de dar las supuestas golosinas.

Ofelia dejó de llorar cuando Salgado señaló la fecha del documento y le preguntó:

—Si solo era un juego, ¿por qué preparó una denuncia por negligencia antes de darle los imanes?

PARTE 3
Ofelia abrió la boca sin encontrar respuesta. Salgado indicó que su declaración se tomaría por separado y conforme al procedimiento. No hubo arrestos espectaculares. Solo una investigación que acababa de cambiar de dirección.

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