—Pero me duele.
—Ahorita se te quita. Y no digas que yo te di nada.
Sentí un frío distinto del que había sentido en urgencias. El martes pudo haber habido ignorancia, aunque costaba creerlo. El miércoles ya sabía que Renata sufría y eligió callarse.
En el video, Ofelia guardó la cajita turquesa en su bolsa antes de salir. Recordé que, cuando yo bajé a saludarla, me dijo que Renata había comido muchas galletas. Yo le pregunté después por mensaje qué le había dado; me contestó: «Solo una merienda. No hagas tormentas».
Busqué esa conversación y se la mostré a Salgado. Él anotó la hora y pidió incorporar también los mensajes al expediente. No me prometió una detención ni una condena. Dijo que debían investigar el origen de los imanes y contrastar el video con los informes médicos.