La Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes intervino en la valoración de seguridad. Ofelia tenía llave de nuestra casa y recogía a Renata del preescolar. Cambiamos cerraduras, actualicé las autorizaciones escolares y pedí asesoría jurídica para restringir el contacto.
La primera gran pelea con Andrés después de la operación fue precisamente por eso.
—Es su abuela —me dijo cuando leyó el documento.
—Y nuestra hija está aprendiendo otra vez a comer sin miedo. ¿Qué parte de esa frase te preocupa más?
—No estoy defendiendo lo que hizo. Solo pensé que algún día tal vez podría verla supervisada.
—Algún día no es hoy. Y esa decisión no le pertenece a tu madre. Primero tiene que estar segura Renata.
Él leyó de nuevo las restricciones. Luego tomó una pluma y firmó el escrito que debíamos presentar. Por primera vez no confundió querer a su madre con darle derecho a todo.