Sin embargo, al día siguiente comenzó otra tormenta.
Rodrigo se enteró de nuestro matrimonio y me envió varios mensajes.
“¿Te casaste con el chofer? ¿Con un señor casi veinte años mayor? Vas a ser la burla de toda la empresa”.
No respondí.
Al llegar a mi oficina, descubrí que Rodrigo estaba anunciando públicamente la transferencia definitiva de mis clientes. Incluso había firmado un informe donde se atribuía negociaciones que yo había realizado.
—Ese contrato lo trabajé durante dos años —le reclamé.
—Ahora responde a mi equipo. Acostúmbrate.
—Entonces tendrás que explicar por qué modificaron los registros sin mi autorización.
Rodrigo se acercó, amenazante.
—Ten cuidado. Renata y su padre tienen mucho poder aquí.
Antes de que pudiera contestar, apareció Patricia, la asistente del director general.
—Mariana Ortega, el señor Arturo Aguilar solicita verla inmediatamente en su oficina.
Rodrigo sonrió con malicia.