PARTE 2
Daniel guardó silencio durante varios segundos. La lluvia golpeaba el techo metálico y yo empezaba a arrepentirme de mi pregunta.
—Mariana, tengo 48 años. Soy conductor y apenas nos conocemos. ¿Quieres casarte conmigo para vengarte de Rodrigo?
—Estoy furiosa, no voy a negarlo. Pero también estoy cansada de que otras personas decidan cuánto valgo.
Daniel me observó seriamente.
—Un matrimonio no debe convertirse en un instrumento de venganza. Si hacemos esto, tendremos que respetarnos, incluso si después descubrimos que no somos compatibles.
Bajé la mirada. Por primera vez aquella tarde comprendí que estaba involucrando a un hombre inocente en mi desastre.
—Tienes razón. Perdóname por preguntártelo así.
Me disponía a marcharme cuando él respondió:
—No he dicho que no.
Levanté la cabeza.
—¿Entonces?
—Primero termina tus asuntos con Rodrigo. Después, si todavía quieres casarte conmigo, hablamos de fechas.
Durante los días siguientes, Daniel me acompañó sin presionarme. Me ayudó a recuperar algunas pertenencias de la casa que compartía con Rodrigo y me escuchó mientras organizaba las pruebas de los préstamos pendientes.