Mi familia política organizó una celebración porque creía que yo había muerto en el hospital. Mi suegra levantó su copa y dijo: “Por fin todo será nuestro”. Hablaban de repartirse la empresa que construí durante 15 años. Yo seguía viva, recuperándome lejos de ellos. En lugar de llamarlos, guardé la grabación y esperé a descubrir quién más estaba involucrado.

—Elena, ¿recuerdas lo que Diego ofreció como garantía de este acuerdo?

Negué con la cabeza.

Valeria deslizó el documento hacia mí.

Cuando vi el porcentaje escrito junto a la firma de mi esposo, sentí que se me detenía el corazón.

El hombre que había querido dejarme sin nada acababa de poner en riesgo el 80 % de su propia fortuna.

PARTE 3

—Valeria, ¿me estás diciendo que Diego puede perder el ochenta por ciento de su patrimonio? —pregunté, incapaz de creer lo que estaba leyendo.

Mi amiga respiró profundamente.

—No será automático, Elena. Sus abogados van a impugnar el convenio y tendremos que demostrar que fue firmado libremente. Pero existe una garantía patrimonial que Diego aceptó ante notario. Y esa garantía puede convertirse en su peor pesadilla.

Un mes antes de nuestra boda, Diego había insistido en firmar un acuerdo de separación de bienes.

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