—Necesito tiempo y reglas claras. Nada de visitas sin avisar, ni regalos para poner a Nico de su lado. Y jamás hable mal de su papá.
—Y si un día quieres decirme que no, tendré que aprender a escucharlo.
No la abracé. Solo prometí pensarlo.
Reuní el acta de defunción, las facturas de las clases de Daniel y fotografías de cuando vivíamos juntos. Un antiguo compañero suyo aceptó declarar sobre nuestra relación. La filiación no se resolvería con una conversación, pero estaba dispuesta a seguir el trámite para que Nico conociera legalmente su historia.
Durante mucho tiempo evité mirar esos papeles porque cada firma suya me recordaba que no volvería. Ahora los extendí sobre la mesa y entendí que proteger a Nico también significaba enfrentar las cosas que más me dolían.
Mercedes comenzó a cuidar a Nico en cuanto sus nietos regresaron a casa. Le pagaba puntualmente y volvía a trabajar sin miedo de que mi hijo entrara a un área peligrosa.