Julián tragó saliva.
—Pensaba terminarlo después de la boda.
Varias personas soltaron exclamaciones incrédulas.
—Después de las firmas, de los regalos y de que yo fuera legalmente tu esposa —respondió Renata—. Qué conveniente.
Julián intentó suavizar la voz.
—Entré en pánico. Tu madre me buscaba. Me hacía sentir responsable de ella.
Renata lo abofeteó.
El golpe resonó bajo los vitrales.
—Ella me traicionó. Tú me traicionaste. No intentes poner toda la suciedad en sus manos.
Julián se tocó la mejilla. Su vergüenza se convirtió en rabia.
—Crees que humillar a todos te hace fuerte.
—No. Dejar de esconderlos me hace libre.
Renata anunció que no habría boda, pero que la recepción seguiría. La comida estaba pagada, los músicos contratados y los invitados habían viajado. No permitiría que las personas que la destruyeron se quedaran también con el día entero.