PARTE 2
A las 6:30 a. m., el salón del hotel olía a azucenas, café recién hecho y laca para el cabello. Renata no había dormido.
Las maquillistas llegaron con maletas, las damas despertaron entre bromas y la fotógrafa comenzó a retratar zapatos, anillos y copas. Nadie imaginaba que, bajo la cama, había 90 sobres con copias del diario de Adriana.
Lucía apareció a las 7:05, con pantalones de mezclilla, el cabello recogido y los ojos rojos por manejar durante la madrugada. Apenas vio a su hermana, la abrazó con tanta fuerza que el aire volvió a faltarle.
—¿Dónde está?
Renata señaló la libreta.
Lucía leyó las páginas marcadas. Al terminar, dejó el diario sobre la cama como si quemara.
—Voy a destruirlos.
—No.
—Entonces dime qué vas a hacer.
Renata abrió la funda del vestido.
—Voy a llegar al altar.
Lucía la miró, alarmada.