—Estaba sola. Me confundí. Cometí un error.
Lucía soltó una risa amarga.
—¿Un error que duró 8 meses?
Adriana miró a Renata.
—Déjame explicarte, por favor.
—No me llames hija como si esa palabra todavía te protegiera.
Adriana se tambaleó.
Renata bajó del altar hasta quedar frente a ella.
—Cuando te sentiste abandonada después del divorcio, yo contesté cada llamada. Cuando dijiste que nadie te necesitaba, te incluí en cada decisión de la boda. Te di un lugar a mi lado y lo usaste para acercarte a mi prometido.
—Nunca quise lastimarte.
—Escribiste que no soportabas verme casar con el hombre que amabas.
Adriana cerró los ojos.
El padre de Julián exigió una respuesta. Él guardó silencio.
Renata volvió a mirar al hombre con quien había planeado una casa, hijos y una vida.
—Anoche me escribiste: “Mañana empieza nuestra vida”. Lo hiciste después de estar con ella.