Casa Azahar abrió 1 año después en una casona restaurada de Guadalajara. Tenía 4 habitaciones temporales, oficina legal, consultorio psicológico y un pequeño jardín lleno de flores blancas. En los primeros 12 meses ayudó a 37 mujeres y 19 niños.
El día de la inauguración, Renata llevó el collar de esmeralda que Teresa le había dado. No como recuerdo de Julián, sino como prueba de que algunas relaciones sobreviven a la vergüenza de otros.
Esteban cortó el listón junto a ella. Lucía cargaba a su hija recién nacida. Mauricio permaneció al fondo, respetando la distancia. Adriana llegó con un vestido sencillo y se sentó en la última fila.
Cuando terminó el acto, Renata caminó hacia su madre.
Adriana se puso de pie, nerviosa.
—No sé si debería estar aquí.
—Todavía no sé qué lugar tendrás en mi vida —respondió Renata—. Pero hoy puedes ver lo que nació de lo que hiciste.