Renata declaró durante horas. Cada audiencia la obligó a escuchar detalles que prefería olvidar. Aun así, no retrocedió.
Julián terminó aceptando un acuerdo de culpabilidad y recibió una condena de 6 años, además de la obligación de reparar parte del daño económico. Adriana no fue acusada por la relación, pero tuvo que colaborar en la investigación y devolver dinero que él había movido a través de su cuenta.
Esteban y Renata comenzaron terapia familiar. Él le mostró cartas, fotografías y documentos de su infancia para que entendiera que su paternidad nunca había sido una actuación. Mauricio mantuvo distancia. Enviaba mensajes en fechas importantes y aceptaba respuestas breves. Renata decidió conocerlo como persona antes de darle cualquier lugar en su vida.
Con Adriana, el camino fue más lento.
Durante 5 meses Renata no contestó sus llamadas. Después aceptó leer cartas. Adriana vendió la casa donde había ocurrido la relación, inició terapia y dejó de justificar sus decisiones con soledad. Nunca volvió a pedir perdón como una deuda que Renata debiera pagar. Empezó a asumir que tal vez la consecuencia de su traición sería amar a su hija desde lejos.