Julián habló demasiado rápido. Culpó a Adriana, a las deudas, a la presión de la boda y al carácter “controlador” de Renata. Cada explicación agregó otra pieza al expediente.
Cuando los agentes le pidieron acompañarlos, buscó la mirada de Renata.
—Todo esto se habría evitado si hubieras hablado conmigo en privado.
Renata sostuvo sus ojos.
—Eso era lo que necesitabas: privacidad para seguir mintiendo.
Lo sacaron del salón antes del anochecer.
Nadie celebró. La caída de una vida compartida no se parecía a la victoria. Se parecía al cansancio.
Adriana se quedó junto a una mesa, sola. Teresa lloraba en silencio. Arturo pidió disculpas a Renata y prometió cubrir los gastos que su hijo hubiera cargado a cuentas ajenas. Mauricio esperó sin acercarse, como alguien dispuesto a aceptar que llegar tarde también era una forma de perder.
Lucía tomó el micrófono.